ideas escurridizas y hasta torturadoras liberadas en forma de escritos

lunes, 9 de junio de 2008

Enredos

Nos gustaba enredarnos y ese no era el problema. El problema era que nos habíamos acostumbrado tanto a enredarnos que no hacíamos otra cosa bien juntos, cuando recién lo conocí me pareció que era alguien que llegaba a mi vida buscando ayuda y ahora unos cuantos años después puedo ver que ambos necesitábamos ayuda y ninguno tuvo la cabeza fría para ayudar. No creo que sea una mala persona, no me atrevería a afirmar esa barbaridad jamás pero por alguna razón de tiempo, espacio, ganas o movidas no pude entregarme completamente, había hecho por primera vez demasiadas cosas con él, me sentía colmada de él y a pesar de que lo quería no era feliz. Es que al inicio todo nos fue demasiado fácil y luego la vida nos pasó la cuenta con creces que ya fueron imposibles de pagar, no guardamos pan para mayo, pero la cuestión no era de dinero era una cuestión más profunda algo se nos acabó y hasta ahora no puedo decir con certeza que fue, quizá sea que aquel viejo refrán pasó por nuestra cama: lo que fácil viene, fácil se va. Todo al comienzo fue demasiado increíble fue mejor que un cuento de hadas, fue mejor que el final feliz de un cuento de hadas, eramos todo juntos derrotábamos cualquier barrera podíamos pasar horas de horas solos, apachurraditos, durmiendo y enredándonos y enredándonos y enredándonos y enredándonos, cuando se descubrió una mentira se marcó el inicio de la avalancha de mentiras que habíamos engendrado. ¿A caso fue que nos enredábamos tanto que no nos dio tiempo de hablar? o quizá andábamos muy ocupados en enredarnos que nos cegamos y avanzamos por el camino equivocado a pesar de que habían mil rutas de desvío, mil avisos de peligro, mil flechas que decían ESTÁN LLEGANDO AL FINAL. Abrimos los ojos demasiado tarde y cuando intentamos retroceder no teníamos poder sobre nuestras piernas, estas corrían desesperadas casi temblando, casi llorando. Hicimos lo que pudimos, pero fue demasiado tarde te agradezco que no me hallas soltado la mano hasta el último segundo que pudiste, una vez que se bifurcaron los caminos ninguno de los dos pudo, fue casi contra nuestra voluntad. Y aunque me costó asimilarlo ya ni modo todo pasa por algo. La vida es la reina madre y ya no se hable más.

1 comentario:

Unknown dijo...

A veces uno se vuelve ciego con lo que quiere y después no sabe si realmente es lo que quiere...