Ahí estaba esperando en el mismo lugar aquel viejo malhumorado que conocí por azar en una ciudad cuyo nombre he querido olvidar. Me acerqué como si no me hubiera dado cuenta de que era él 3 cuadras atrás y lo saludé parcamente.- ¡Qué gusto verte!, dije con desaire
- El gusto siempre es mío princesa, me dijo sin ninguna traba.
Entramos al teatro y vimos un impresionante espectáculo de ballet, siempre que estábamos juntos debíamos hacer algo que me impresionara, él sabía que era la única forma de tener cerca a una mujer como yo. Luego de la función me invitó a ir por un vino, acepté y estuvimos cerca de 5 horas en un viejo bar, casi una reliquia de la ciudad bebimos mucho a pesar de que el vino no es mi bebida preferida Mr. Jones más que un gordo canoso y respingado era un anciano con el que no te cansas de conversar, me contó de su nuevo libro e hizo lo que pocos hombres han hecho por mi, me preguntó sobre como iba con mi vida. Después de muchas carcajadas y mucho alcohol en las venas me pidió que no durmiera en un hotel, que me tenía preparado un cuarto en su casa, sospeché pero accedí.
Eran las 3 de la madrugada y me llevó en su coche, tan viejo y tan fino como él. Me acompañó al lugar donde dormiría y como ya había estado antes allí al instante me di cuenta que esa era su habitación, la reconocí por los impresionantes cuadros auténticos de Salvador Dalí. Sorprendida volteé.
- Estás loco ¿Por qué me traes aquí?
- No pienses mal princesa, solo quiero que duermas en mi cama y dejes tu aroma, yo dormiré en el cuarto de huéspedes por favor concédeme ese deseo, sé que es la última vez que nos veremos.
Estaba tan cansada en ese momento que me abalancé sobre la cama más grande del mundo, de reojo vi que se iba, me desnudé y me quedé profundamente dormida.
A la mañana siguiente desperté y lo encontré mesiéndose junto a la ventana del dormitorio.
- ¿Qué haces aquí?
- Observando el paisaje
- ¿Cuál paisaje?, si esa ventana da hacia una pared
- Tu paisaje princesa, ahora por favor ponte la ropa que está en la silla.
- No quiero
ÉL no volteaba y la verdad no me molestó tanto que me halla visto desnuda, solo por curiosidad miré hacia la silla y era el vestido de verano más hermoso que jamás hubiera podido comprar en mi vida y unos zapatos que le iban perfecto. Me los puse sin decirle y apenas terminé volteó.
Desayunamos la comida más exquisita que había probado en mi vida y luego de eso me pidió acompañarme a la estación, fuimos caminando, era apenas a unos kilómetros de su casa. Cuando llegamos era hora de partir me besó la mano, dijo "adiós princesa" y me dio mi equipaje que solo era un bolso de mano.
Desde la ventana le dije adiós y el tren partió, abrí mi bolso para sacar un peine y encontré una rosa roja y un papel firmado por mi y por él en el que decía que estábamos casados.
Llegando a Madrid llamé a su casa y la ama de llaves me dijo que había muerto.
2 comentarios:
Mr. Jones and me ♪ bueno no, Mr. Jones y tú
Aaaaaaah qué bonito blog! Regresaré y me robaré tu clip. Puedo? Puedo?
Heeeey, la onda, de esos blogs que uno se encuentra y son una joyita, que buen buen cuento.
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